Felicitaciones a EPM y el recuerdo de Juan Luis Londoño de la Cuesta

Nuestro colaborador Oscar Domínguez Giraldo, nos ha remitido estas felicitaciones para el equipo que comanda el gerente de EPM Jorge Londoño de la Cuesta por el galardón de ser Empresas Públicas de Medellín la empresa más admirada de Colombia y aprovechó la ocasión para compartirnos una de sus crónicas sobre el personaje Juan Luis Londoño de la Cuesta, quien fuera Ministro de Protección Social, muerto en accidente de aviación en Bogotá el 6 de febrero del 2003, quien era hermano del actual gerente de EPM Jorge Londoño de la Cuesta.

Felicitaciones, chicaneros, con el reconocimiento a la joya de la corona paisa. No conozco personalmente en persona al actual gerente, pero sí trabajé con su hermano Juan Luis, en la campaña de Noemí Sanín. Juan Luis, como se dejaba decir, habría disfrutado como enano de circo, viendo a su hermano al frente de EPM. En la foto, Juan Luis y otros, en la filmación de un comercial para la derrotada campaña. Alguna vez le dediqué estas líneas que les comparto.
Oscar Domínguez Giraldo.
El hombre que soñaba en Power Point”, por Oscar Domínguez

Era informal, relajado, pero siempre acelerado, una contradicción para todo el mundo, menos para él que inventó la receta. “Esa ráfaga, el tango…”, dice Borges, al hacer una mínima biografía del tango. De la mano del creador gaucho, digamos que Juan Luis Londoño de la Cuesta también fue una ráfaga de carne y alma.
Verdadero fórmula uno de la imaginación vivió a mil, como para no desperdiciar un segundo. Vivió sobregirado de vida. Hiperbólico a morir, tuvo como divisa el mundo sólo recuerda a los exagerados. Y a los imprescindibles como él, para decirlo con Brecht. No se daba tregua este colombiano de excepción que descansaba trabajando para mejorar la condiciòn de quienes llevan del bulto. Nunca hizo concesiones cuando de justicia social se trataba.
El último sorbo de vida lo apuró en pleno vuelo, entre su hábitat, el cielo, que había convertido en oficina de ministro de la Protección Social, mientras iba con su talento y talante paisa de aquí p’allá.
Para equilibrar las cargas y para vivir con el polo a tierra, en la oficina andaba en medias, o con unos zapatos sin estrés que calzaba para descansar caminando. Y en mangas de camisa. O en camisa corta de una vez.
El yupi informal que comía paletas en la calle, era un moderno rey Midas del power point. Lo que tocaba lo volvía imagen, gráfica, para hacerlo más comprensible. Convertía en gráficos una fórmula para educar más gente, llegarle con salud a más pueblo, generar más empleo, tres de sus propuestas que eran las niñas de sus ojos. A la hora de interpretar cifras este cientìfico social era todo un hacha.
Hablaba tan rápido como pensaba, o como actuaba. Le exprimió el tuétano a su cuarto de hora sobre este peladero llamado tierra.
MODUS TRABAJANDI
“Londoño”, se escuchaba al otro lado del teléfono cuando llamaba a alguien de su equipo para tirarle línea. “Listo”, era su última palabra después de señalar pautas. Tocaba hilar del delgadito porque después preguntaría, siempre en monosílabos: “Resultados, jovencito”.
¿Què vamos a hacer, jovencita?”, solìa preguntarle a Noemì Sanin cuando entraba temprano a su oficina de la campaña en el claustro de La Enseñanza. Londoño fue su jefe de campaña y coordinador programàtico.
Era un “igualado”, en la acepción que no trae el diccionario porque era de su exclusividad, como tantas otras. “Jovencito” era Miguel Silva, pero tambièn lo era el mensajero, o uno de los muchachos de la escolta. “Jovencita”, era alguna del harèn de Sì Colombia, como Noemì, su hermana Àngela, quien trabajaba a su lado, o Marlèn, la señora del tinto. Nadie olvida su espontànea capacidad para tratar igual a todo el mundo. No era una pose, sino un tic, una costumbre. Era todo corazòn, demasiado corazòn.
Sus pergaminos profesionales incluyen una maestrìa en Harvard donde lo recuerdan como uno de los mejores economistas. Un economista obsesivo con “mis viejitos”, “mis muchachitos”, “mis pobrecitos”.

Su legado està formado por las cosas que hizo y las que dejò en marcha. No se quedò en la carreta del enunciado. Era un ejecutor-emprendedor por naturaleza.
Aprovechò su condiciòn de economista para multiplicar con creces lo talentos que Dios le dio, segùn lo recordò el cardenal Pedro Pubiano en la homilía en la Catedral Primada, el dìa del adiòs a Juan Luis y a sus compañeros de viaje: Lena Marìa Bloss y Alirio Arcila Anzola. Tambièn al capitàn Germàn Vanegas y a Josè Marìa Vera, su jefe de escolta.
Todavía estàn frescas en la memoria las controvertidas reformas laboral y pensional que defendiò en el Congreso. Hasta sus màs fervorosos contradictores reconocieron su altura de miras.
Para perpetuar su herencia fue creado el premio “Juan Luis Londoño de la Cuesta”, bajo la coordinación del Banco de la Repùblica. El primer premio lo ganò otro economista del gajo de arriba, de la lìnea de Londoño: Alejandro Gaviria, exsubdirector de Planeaciòn, decano de Economía de la U. de Los Andes, actual ministro de salud.
PRIMERO LONDOÑO
Juan Luis Londoño fue al primero del equipo de Sì Colombia al que el presidente Uribe reclutò para que ejecutara sus propuestas desde la pucha del poder.
Es el inventor del optimistómetro: todo lo veía a través de un prisma positivo. Ni en los peores momentos de la campaña política bajó la guardia. A las encuestas descorzadonadoras, como para tirar la toalla, seguía un sonriente gráfico de Juan Luis, en el que veía la cara favorable del asunto. Dicen que los optimistas son la claque de Dios. Ese oficio no le disgustaba nada.
Utilizó la cátedra universitaria, el periodismo, el Congreso, su entorno familiar que amò a morir, la tertulia de amigos, como trinchera. También en estos escenarios sacó un cinco admirado. (La importancia que le otorgaba a su núcleo familiar con Marìa Zulema Vèlez, su mujer, a la cabeza, llevò a Juan Luis a hacerle una cordial lagartada al presidente Uribe: que les permitiera a los miembros del gabinete disfrutar màs de los suyos. Tambièn allì estaba pintado).
Lo mismo tiraba línea made in Eafit-Harvard ante dos o tres constituyentes primarios de la llanura, que ante másteres sabihondos o un auditorio repleto. A todos enseñaba, de todos aprendía.
Sólo se enredaba cuando tenía que ejercer el precario oficio de manzanillo que busca voticos. Ahí perdìa la materia.
Ejecutivo de lavar y planchar
Como era un ejecutivo de lavar y planchar, no había que decirle doctor. Tampoco ponía ni tenía cara de tal. Me pareció ver en él un híbrido de Gilberto Echeverri y Simón González: descomplicado, inteligente, creativo, sin ínfulas, alegre, mágico, estudioso, íntegro, chévere, infatigable, de gran sensibilidad social, enérgico, mamagallista.
Su “muy querido” que usaba para otros, era su propio carné de identidad.
Con su cabeza precozmente desentejada cual pupilo del “mínimo y dulce” Francisco de Asís, sabía ser general de tres soles que mandaba, y soldado de un sol que acataba órdenes. En ambos oficios rendía.
El verbo servir, hacer las cosas bien, fue su norte, sur, oriente y occidente. De lejos, pudo dar un parte de misión cumplida. Para su fórmula de trabajar, trabajar, trabajar, el presidente Uribe tuvo en él la horma de su zapato.
La noche que se confirmó la noticia de su partida, Lalo Martel cantaba en la radio que “al mundo le falta un tornillo”. De nuevo tenía razón esa ráfaga, el tango, que nos recuerda, que “el hombre dura menos que la liviana melodía”, que “nadie es eterno en el mundo”, para decirlo en letras de tango de Borges y de música de carrilera de las que tanto disfrutaba Londoño en sus mínimas bohemias.
Le tiene que faltar un tornillo a un mundo que madruga a quedarse sin el doctor Juan Luis. Bueno, nos deja su legado, la forma que escogió para alcanzar la inmortalidad. Por sus hechos lo conocimos.

Un comentario sobre «Felicitaciones a EPM y el recuerdo de Juan Luis Londoño de la Cuesta»

  1. Muy bien escrito, como todo lo suyo, el perfil excesivamente generoso que hace mi apreciado colega Oscar Doimínguez de quien fuera su amigo y su jefe tiempos ah. No refuto en manera alguna ninguno de los conceptos sobre la solvencia profesional, moral, política y su dedicación al trabajo, su sencillez, su carisma, etc, etc, Oscar lo conocía bien y está en todo su derecho de ponderarlo. Pero incurre en una exageración histórica cuando afirma lo siguiente: «Todavía estàn frescas en la memoria las controvertidas reformas laboral y pensional que defendiò en el Congreso. Hasta sus màs fervorosos contradictores reconocieron su altura de miras». Esto no es tan cierto pues, en mi condición de Redactor Económico en la época del nefasto gobierno de Uribe Vélez, supe del rechazo casi unánime que hubo, con la obvia excepción de los empresarios y los banqueros dueños de los entes que Londoño de la Cuesta creó para su beneficio, en contra de las clases trabajadoras y de los pensionados. Muchas gracias por dejarme opinar para desmentir tremendo equívoco. Londoño de la Cuesta nunca fue un amigo de los pobres ni de los trabajadores; fue su peor enemigo en el gobierno.

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